Cambios en tu cuerpo:
La cara: Tengo manchas oscuras en mi cara. ¿Es normal?
Es completamente normal, de hecho un 70 por ciento de las mujeres embarazadas presentan en la piel zonas llenas de manchas oscuras, conocidas comúnmente como máscara del embarazo o paño (aunque su nombre médico es cloasma o melasma).
Las mujeres de tez más oscura son más propensas a esta afección que las mujeres de piel más clara. Los efectos del cloasma pueden resultar más pronunciados con cada embarazo.
Las manchas pueden aparecer alrededor del labio superior, la nariz, los pómulos y la frente, y algunas veces adoptan de verdad la forma de una máscara (como la del Llanero Solitario). También pueden aparecer en las mejillas o en el contorno inferior de la mandíbula, así como en los antebrazos y en otras partes del cuerpo que estén expuestas al sol.
Además, puede ser que la piel que de por sí tiene más pigmentación (como los pezones, pecas, cicatrices y la piel alrededor de los genitales) se ponga aún más oscura durante el embarazo. Esto también suele suceder en zonas propensas a los roces, como las axilas y la parte interna de los muslos.
Todo esto es el resultado de los cambios hormonales que se producen durante el embarazo, los cuales estimulan temporalmente la producción de melanina, la sustancia natural que le da color al cabello, la piel y los ojos. Probablemente las áreas que se han oscurecido vuelvan poco a poco a su tonalidad normal después del paro, aunque en algunas mujeres los cambios nunca desaparecen por completo.
¿Qué es esta línea oscura que baja por mi barriga?
Se la conoce como línea negra. Antes del embarazo, ya tenías una línea llamada línea alba, que recorría desde el ombligo hasta el pubis. Sin embargo, es probable que ni siquiera la hubieras notado, debido a que era del mismo color que el resto de tu piel.
El aumento de la melanina es el responsable del oscurecimiento de esta línea de la barriga. Probablemente, unos meses después del parto vuelva a tener el color que tenía antes del embarazo.
¿Puedo hacer algo para prevenir las manchas en la piel durante el embarazo?
Puedes hacer algunas cosas para reducirlas lo más posible de manera segura:
Protégete del sol:
Esto es fundamental porque la exposición a los rayos ultravioletas (UV) del sol intensifica los cambios en la pigmentación. Usa un protector solar de amplio espectro (una formula que te proteja contra los rayos UVA y los UVB) con protección SPF 30 o mayor todos los días, haya o no haya sol, y aplícalo varias veces sobre la piel a lo largo del día si te encuentras al aire libre.
De hecho, incluso si no planeas salir de tu casa o pasar mucho tiempo al aire libre, es recomendable que la aplicación de protección solar se vuelva parte de tu rutina matinal.
Cuando estés afuera, cúbrete y usa un sombrero de ala ancha, además de una blusa de mangas largas si tienes cambios de pigmentación en los brazos. Limita el tiempo que pasas al sol, especialmente entre las 10am y las 2pm. Y, claro está, evita ir a broncearte a un solario durante el embarazo, ya que no es una buena idea.
Usa productos de limpieza y cremas faciales suaves:
Los preparados que irritan la piel pueden hacer que el problema empeore.
Usa un maquillaje que disimule el problema:
(No es recomendable usar ahora productos despigmentantes o blanqueadores de la piel. Es mejor esperar a ver si los cambios de la pigmentación desaparecen después del parto.)
¿Qué sucederá después de mi embarazo?
Para aumentar las posibilidades de que las manchas desaparezcan, es recomendable que continúes protegiendo la piel del sol después de tener a tu bebé. Usa una crema protectora, cúbrete y permanece alejada del sol al mediodía. En la mayoría de los casos, las manchas desaparecen lentamente sin ningún tratamiento.
Sin embargo, para un pequeño número de mujeres, los anticonceptivos que contienen estrogenos (tales como la píldora, el parche y el anillo vaginal) pueden contribuir al cloasma. Si los cambios en la piel te resultan molestos, considera otra opción de control de la natalidad.
Si quedan todavía manchas en la piel después de algunos meses y te resulta molesto, habla con tu médico o con un dermatólogo acerca de las opciones de tratamiento que tienes. Te puede sugerir que uses una crema despigmentante que contenga hidroquinona (algunas de ellas contienen también protección solar), una medicación de uso local que contenga eritretinoina (Retin-A) o un exfoliante químico como el ácido glicólico.
Si estás amamantando o planeas quedar nuevamente embarazada a corto plazo, díselo a tu médico, ya que estas circunstancias podrían requerir un cambio de tratamiento. Y, sobre todo, es importante consultarle antes de usar cualquier medicamento de venta sin receta médica.
Pueden pasar muchos meses antes de que veas mejoras, así que tendrás que armarte de paciencia. En raros casos, los dermatólogos pueden usar tratamientos con láser para quitar la piel oscurecida, pero esa no es la primera opción. Independientemente del enfoque que sigas, es de fundamental importancia que continúes protegiéndote del sol durante el tratamiento y después del mismo.
¿Pueden estos cambios en la piel ser un síntoma de enfermedad?
Ciertos tipos de manchas en la piel pueden ser síntoma de cáncer de piel o de otro problema médico, por eso debes hacerle saber a tu médico si los cambios en la pigmentación de la piel están acompañados de molestias, dolor al palpar el área, enrojecimiento o hemorragia, o si notas algún cambio en el color, la forma o el tamaño de un lunar. Puede que entonces el médico te recomiende visitar a un dermatólogo para determinar la causa de los cambios y el tratamiento adecuado, de ser necesario.
Tus piernas:
Las varices son venas dilatadas que pueden verse cerca de la superficie de la piel, y que a veces se miran retorcidas, azules o moradas. Aparecen con más frecuencia en las piernas, aunque también pueden salir en la vulva o en cualquier otra parte. (De hecho, las hemorroides no son otra cosa que várices en la zona rectal.)
Hay várices que no molestan en absoluto u ocasionan sólo leves molestias, pero también pueden hacer que sientas pesadez o dolor en las piernas. La piel alrededor de una variz puede también picar, doler o arder. Los síntomas tienden a empeorar al final del día, especialmente si pasas mucho tiempo de pie.
A muchas mujeres les aparecen las várices por primera vez durante el embarazo o descubren que empeoran durante estos meses de espera. A medida que el utero crece, ejerce presión sobre la vena grande del lado derecho del cuerpo (la vena cava inferior), lo cual a su vez aumenta la presión sobre las venas de las piernas. Estas venas regresan la sangre desde las piernas hacia el corazón, de modo que, ya de por sí, la sangre circula en sentido contrario a la gravedad.
La cantidad de sangre del cuerpo aumenta cuando estás embarazada, lo cual agrega carga a tus venas. Además, los niveles de progesterona suben, lo que hace que las paredes de los vasos sanguíneos se relajen.
Hay mayor probabilidad de que te salgan várices si ya hay antecedentes en otros miembros de tu familia. Son mucho más comunes en las mujeres que en los hombres y, si ya las tienes, tienden a empeorar con cada embarazo sucesivo y con el correr de los años. Asimismo, estarás más predispuesta a las várices si tienes sobrepeso, esperas gemelos o más bebés, o permaneces de pie por periodos de tiempo prolongados.
Lo bueno es que las várices tienden a mejorar después de dar a luz, particularmente si no las tenías antes del embarazo. Y si no se ponen mejor, existen distintas maneras de tratarlas.
¿Qué puedo hacer para prevenirlas o reducirlas lo más posible?
A continuación te damos algunos consejos:
• Haz ejercicio todos los días:
Aunque sea no más una vuelta a la cuadra a paso rápido, puede mejorar tu circulación.
• Esfuérzate por permanecer dentro del peso recomendado para la etapa de embarazo en que te encuentras.
• Levanta los pies y piernas siempre que puedas. Usa una banqueta o una caja para descansar las piernas cuando estés sentada, y mantén los pies levantados sobre una almohada cuando estés acostada. No cruces las piernas o tobillos cuando estés sentada. No permanezcas sentada o parada por periodos de tiempo prolongados sin hacer pausas para moverte un poco.
• Duerme sobre el lado izquierdo con los pies sobre una almohada. Coloca otra almohada detrás de la espalda para mantenerte inclinada hacia la izquierda. Dado que la vena cava inferior está en el lado derecho, al acostarte sobre el lado izquierdo alivias la vena del peso del útero y así disminuyes la presión sobre las venas de las piernas y pies.
• Usa pantimedias especiales de soporte: las pantimedias de compresión graduada que se venden con receta médica posibilitan una mejor circulación y están disponibles en tiendas de artículos médicos y en farmacias. Estas medias son el doble de gruesas que las pantimedias comunes. Aprietan más en la zona del tobillo y se van aflojando hacia arriba de la pierna, lo cual facilita el regreso de la sangre hacia el corazón. Como resultado, te ayudan a prevenir la hinchazón y pueden evitar que las várices empeoren. Póntelas por la mañana, antes de levantarte de la cama, para evitar que la sangre se acumule en las piernas, y úsalas durante todo el día. Si bien las medias de soporte pueden ser molestas, especialmente si hace calor, las várices te pueden resultar mucho más incómodas.
¿Las várices pueden ser graves?
Las várices pueden dar comezón o doler, y estéticamente pueden molestarte, pero por lo general son inofensivas a corto plazo. Por eso, si fuese necesario hacer un tratamiento, podrías esperar hasta después del embarazo.
Un pequeño porcentaje de personas con várices desarrollan coágulos de sangre en las venas, cerca de la superficie de la piel (una afección que se denomina trombosis venosa superficial). Cuando salen estos tipos de coágulos, la vena puede ponerse dura y parecerse a una cuerda, y el área circundante volverse roja, caliente, sensible o dolorosa.
Estos coágulos habitualmente no son peligrosos, pero si piensas que tienes uno no dejes de llamar a tu médico. Algunas veces se infecta el área que rodea el coágulo (en cuyo caso es posible que también presentes fiebre o escalofríos) y, en ese caso, tendrás que recibir tratamiento con antibioticos inmediatamente. Llama también en seguida a tu médico si notas que una de tus piernas está muy hinchada o tiene úlceras, o si la piel próxima a las venas cambia de color.
No hay que confundir la trombosis venosa superficial con una afección grave llamada trombosis venosa profunda (TVP), en la que se forman coágulos en las venas profundas, por lo general en las piernas.
El embarazo puede hacerte más propensa a padecer TVP, ya sea que tengas várices o no, pero no es muy común. La probabilidad de que presentes esta afección durante el embarazo o en las semanas posteriores al parto es de una en mil. (Las mujeres con problemas de coagulación sanguínea o que deben hacer reposo prolongado presentan mayor riesgo.)
Si contraes TVP, puede suceder que no tengas síntomas, o bien que tengas hinchazón repentina y con dolor en el tobillo, pierna y muslo. En ese caso el dolor puede ser mayor si flexionas el pie o permaneces parada, y puede también aparecerte un poco de fiebre. En caso de que notes alguno de estos síntomas, llama inmediatamente a tu médico.
Si tienes uno de estos coágulos, será necesario que te internen y administren medicación anticoagulante que licúe la sangre. Si el coágulo no se trata debidamente, podría llegar a desprenderse y trasladarse a los pulmones, una afección potencialmente mortal denominada embolia pulmonar. Los síntomas de una embolia pulmonar incluyen: respiración dificultosa o dolorosa, tos (o tos con sangre), sensación de nerviosismo y palpitaciones
¿Hay alguna manera de eliminar las várices?
Las várices suelen mejorar durante los tres o cuatro meses posteriores al parto. En estos meses, es aconsejable continuar usando medias de soporte, hacer ejercicio con regularidad, evitar estar parada o sentada durante mucho tiempo, y levantar las piernas siempre que te sea posible. Pero si las várices no desaparecen y te resulta muy incómodo vivir con ellas, o incluso si te parecen desagradables a la vista, puedes recurrir a distintas opciones de tratamiento. Consulta con tu médico para que te mande a un especialista.
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